No lo soporto, no puedo, qué habré hecho yo para merecer esto. Es MUCHO peor que en Valladolid, creo que me pasa como a Obélix.
Vale, ya, acaba de empezar, todavía no tengo motivos reales para quejarme, lo peor está por llegar. Mismamente mañana.
En realidad, los acontecimientos deportivos en si no me molestan, incluso disfruto viendo algunos de ellos. El fútbol no me resulta especialmente divertido, pero tampoco molesto (cada vez que recuerdo las tardes de criquet que me tocó tragarme en su día en Inglaterra, oh my god).
Da igual quién juegue, en Hamburgo hay siempre una comunidad lo suficientemente grande del equipo ganador que se encarga de que la noticia nos llegue al resto, especialmente a los que vivimos en el centro. Además, de alguna manera todos asimilan la manera de "divertirse" que se tiene por estas latitudes: se pasa de 0 a 100. Los vagones de metro, habitualmente más silenciosos que las aulas de la Uva, se llenan a hordas enaltecidas que desparraman cerveza, te empujan, gritan a coro (sí, tengo una estación enfrente de mi ventana).
Los coches se llenan de banderitas como si tuviéramos una cumbre de la ONU, y pitan toda la noche (sí, una calle considerablemente grande también está enfrente de mi ventana).
Veintitrés años bastan.
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1 comentario:
Ayer cogimos el tren de regreso en Fulda y en un momento hubo un pequeño grito de placer al unísono. Primero íbamos a decir que algún equipo tiró gol: Turquía, Italia, Portugal, España, Rusia o Polonia.
Inmediatamente recapacitamos: estamos en Fulda: Alemania ha tirado gol!
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