Corrían los años treinta. En un pueblecito perdido en las montañas austriacas llegó la noticia de que en un país llamado España la guerra contra un golpe de estado fascista estaba pasando por momentos duros. ¿Dónde está España? ni idea, pero Josef no podía soportar la idea de que otro país pasara por lo que el suyo estaba sufriendo así que le dijo a sus padres que se iba a esquiar, y tomó un tren con dos amigos a Berna, de allí a París y de allí a algún lugar tras los Pirineos.
Meses más tarde Josef resultó herido. Milagrosamente consiguió ser transportado fuera de España, esquivar a la policía francesa, que de otra forma le habría deportado como a tantos otros a algún campo de concentración, y finalmente llegó a Rusia. Allí se recuperó de sus heridas y aprendió un oficio.
Josef, que con diecinueve añitos dejó la casa de sus padres para "irse a esquiar" regresó llegando casi a la treintena.
¡mamá, hay un ruso en la puerta! gritó su hermana al verle.
No es un ruso, es tu hermano.

1 comentario:
uf! Tania, se me pone la piel de gallina, los ojos desbordados...
Gracias por contarnos lo que sabemos, poniéndole nombre y rostro y manos.
un abrazo,
rebeca.
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