El que al llegar a casa después del cine, la película nos siga rondando por la cabeza es sin duda buena señal.
En su última película, Fatih Akin muestra de nuevo diferentes aspectos de la situación de los millones de turcos que viven en Alemania. Una situación definida a medio camino entre el choque y la integración de dos culturas, dos países, dos idiomas. La situación en Alemania me atrevo a compararla con la del sudoeste estadounidense en relación a la inmigración latinoamericana. En Berlin y Hamburgo la comida típica no tiene nada que ver con las salchichas: todos comemos kebab, falafel o kumpir. Cuando llegué por primera vez a Harburg, me asusté al comprobar que no entendía casi ninguna de las conversaciónes que escuchaba en el autobús. Después descubrí que muy pocos estaban hablando en alemán. En California, el término "mexicano" se utiliza para denominar en general a toda la comunidad latina, al igual que aquí se emplea "turco" para nombrar a los árabes.
Un joven profesor de origen turco que trabaja en la Universidad de Hamburgo y vive con su padre en Bremen. Una prostituta turca y su hija, una estudiante alemana y su madre.
Cruces de caminos, diferencias culturales y generacionales.
Me resulta curioso observar como en algunos aspectos me siento claramente identificada con el punto de vista alemán, mientras que otras situaciones descubro que la cultura turca no es tan lejana a la nuestra. Tal vez habría que preguntarse si el que algunos se lleven las manos a la cabeza ante la posibilidad de que Turquía entre en la UE no está más relacionado con razones económicas. Definitivamente no estamos mucho más lejos de ellos que de los suecos, tanto geográfica como culturalmente hablando.
En su última película, Fatih Akin muestra de nuevo diferentes aspectos de la situación de los millones de turcos que viven en Alemania. Una situación definida a medio camino entre el choque y la integración de dos culturas, dos países, dos idiomas. La situación en Alemania me atrevo a compararla con la del sudoeste estadounidense en relación a la inmigración latinoamericana. En Berlin y Hamburgo la comida típica no tiene nada que ver con las salchichas: todos comemos kebab, falafel o kumpir. Cuando llegué por primera vez a Harburg, me asusté al comprobar que no entendía casi ninguna de las conversaciónes que escuchaba en el autobús. Después descubrí que muy pocos estaban hablando en alemán. En California, el término "mexicano" se utiliza para denominar en general a toda la comunidad latina, al igual que aquí se emplea "turco" para nombrar a los árabes.
Un joven profesor de origen turco que trabaja en la Universidad de Hamburgo y vive con su padre en Bremen. Una prostituta turca y su hija, una estudiante alemana y su madre.
Cruces de caminos, diferencias culturales y generacionales.
Me resulta curioso observar como en algunos aspectos me siento claramente identificada con el punto de vista alemán, mientras que otras situaciones descubro que la cultura turca no es tan lejana a la nuestra. Tal vez habría que preguntarse si el que algunos se lleven las manos a la cabeza ante la posibilidad de que Turquía entre en la UE no está más relacionado con razones económicas. Definitivamente no estamos mucho más lejos de ellos que de los suecos, tanto geográfica como culturalmente hablando.

3 comentarios:
No, caro. El problema de Turquía es legislativo y judicial.
En esos marcos, así como en el los Derechos Humanos, creo que sí se hayan muy distantes de nosotros y de Suecia.
¡Nena, que en nada estás en Valladolid!
Hombre pues sí y no. Nuestra cultura está en cualquier caso a medio camino entre ambas. El tema de los Derechos Humanos es indiscutible. Tal vez me haya explicado mal, y poco. En cualquier caso, me pregunto cuál es el mejor método para ayudar a la gente que vive allí, y no creo que una negativa sin más a entrar en la EU sea lo más apropiado.
¡¡¿Cómo puede ser que no nos hayamos visto?!!
Espero que en navidades haya más suerte...
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